Más de la mitad de los recién nacidos presentan esta coloración amarilla, que generalmente aparece tres o cuatro días después del nacimiento. Normalmente aparece primero en la cara (hasta el blanco de los ojos puede estar amarillo) y se extiende luego al resto del cuerpo. Aunque una ictericia leve suele ser inofensiva, es mejor avisar al médico.
La ictericia es consecuencia de un exceso de bilirrubina, elemento químico producido en la descomposición normal de las células sanguíneas. Todos tenemos un poco, pero durante la primera semana de vida el hígado del recién nacido aún no produce plenamente las enzimas responsables de metabolizar los glóbulos rojos viejos. (Antes del nacimiento era la placenta la que purificaba la sangre del bebé.) Por eso el pequeño no elimina con suficiente celeridad el exceso de bilirrubina.
La ictericia del recién nacido suele desaparecer sin tratamiento alguno en el curso de una semana, pero el médico puede ordenar otro análisis de sangre, a fin de medir los niveles de bilirrubina, o probar con fototerapia (exposición a la luz ultravioleta), para acelerar la recuperación. (La cantidad y frecuencia de la alimentación también puede influir sobre la recuperación. Como la bilirrubina se elimina con las heces, cuanto más evacué, tanto mejor estará el niño.)
Si los niveles de toxina se mantienen altos, puede que el médico considere otros tipos de ictericia y otras enfermedades, tales como la hepatitis.

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